lunes, 23 de abril de 2018

Palabras negadas, el estiercol de las flores

Ya no quiero caer en
comparaciones burdas
entre ojos y abismos,
ni satisfacer mi vanidad con palabras
que embalsaman emociones.

En el silencio encuentro
sí como en la oscuridad
una manera más intensa de sentir
más cercana a mi interior,
escribo poemas con el único fin
de vaciar
las expectativas de la realidad
y encontrar por fin
esa mesura
con la que me acaricia el viento
durante las noches
el acto de respirar, casi inconsciente;
tan infantil percatarse,
y sin embargo sútil
la vida se escurre a voluntad en suspiros.

Los ojos no me bastan
para sentir de lejos
para soñar tengo que cerrarlos,
y abandonar el tacto
que me encadena a un deseo obsceno
<<la piel es la muerte de las emociones>>

Y cantar, esa trampa de marineros.
Canto en la ducha, o  cuando me duele el pecho.

Este acto de articular y comunicarme
aún está ligado a mi origen,
la supervivencia ya no es un fin,
sino algo más oscuro, que el sello de mi carne encierra
que cada una de mis células grita
que mi animalidad niega
al reprimir mi aullido.

Nunca fui buena en satisfacer a los demás,
y tal vez dije cosas que ni siquiera acepté:

Sí creo.

sin embargo reprimí el grito,
que ahora me libera.
Y no es un grito uniforme,
estalla en fragmentos que quedan
embarrados en la acera,
y se estrellan frente al espejo,
otros quizá encima de otro cuerpo,
lágrimas embarradas en el vidio de un autobús a las 9:00 p.m.
o algunos también fueron besos.

Si pudiera dejar algo de mi en esto
más allá de la vanidad de saber que existo para otros
podría ser la oportunidad de callar a mi lado
y sentir como el silencio entre nosotros
forma un puente que ningún otro puede cruzar.

Todavía existimos en lo que negamos.
Por eso es importante dar un salto entre la oscuridad
de las palabras que ocultas
nos desgarran el pecho,
que salgan como las flores del estiercol.
Y su fruto sea nuestro alimento.



lunes, 16 de abril de 2018

El silencio de los alacranes



En el principio creó Dios los cielos y la tierra
- me acuerdo la primer vez que fui al catecismo y el Padre Gregorio nos contó. De cómo nacimos todos de la nada, y a creer en eso mismo también.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas
- esa versión del mundo me gusta más.

Cuando cierras los ojos sientes todo lo que no eres tú. Y el silencio, el silencio nunca es completo, hay una sutileza en los sonidos, pero el silencio nunca se termina de aparecer, ya empieza en un lado cuando de pronto se va.

La oscuridad es muy bella, mucho más que el día, a mi me gusta tanto salir a mirar las estrellas, a caminar por la orilla del lago, hasta el olor del agua es más fuerte y el aire pega entero en la piel.
Sin ver y sin hablar.

También parecido a la muerte, lo más cerca que la tuve fue cuándo me picó un alacrán. Apenas sabía platicar, quería gritarle a mi mamá pero las palabras no salían, podía respirar mientras el cuerpo seme volvía de piedra. El miedo es lo más parecido a la muerte. Y al amor. Te quedas parado, la garganta se te cierra, la boca seca y los ojos no saben para donde mirar.

La gente de acá no les tiene miedo, cuando les  pican en la pierna se echan gasolina y en un día se les desentumen. Dicen que a mi casi me mata por que mi mamá es muy miedosa y a mi me tocó cumplir sus miedos. 

Pero seguí viviendo, y ando en las orillas caminando con los alacranes caminando entre las piedras. Soy un alacrán también.

Después nos contó de Adán y Eva, la primer mujer en la Biblia de los hombres, como Dios los hizo ciegos al pecado, y como no le tuvieron miedo los sacó del paraíso.

De como nacieron los ángeles y los demonios tan parecidos a nosotros, a la mejor por eso dicen que no les da alas a los alacranes.

Por que nos tiene miedo. O por que nos ama.

*Inspirado en una foto de Pesina Siller y en una bestia que quería inventar para el natalicio de Arreola.