miércoles, 16 de diciembre de 2015

Deseo de la memoria

Acabo de terminar de ver por no se si última vez Eternal Sunshine of Spotless Mind, y la frase de Joel, sobre pasar tanto tiempo junto a alguien que al final te parece un desconocido...cambiamos y no nos damos cuenta cambian los otros y no nos damos cuenta, pero cada uno a su ritmo, porque lo que en realidad cambia es nuestra percepción del otro, por qué buscar algo más en otra persona, eso que nos falta a nosotros y ni si quiera sabemos qué es. Creo que los últimos años, al menos en mi generación, al menos en los círculos que frecuento las personas intentan darle un sentido diferente al concepto de amor.

 Deleuze lo intentó desde un punto de vista filosófico con el Anti Edipe, EL DESEO. El móvil de la máquina cambiante. En mis caso intento,a hora de switchear la idea de lo que el amor es para mi, si es posible amar de nuevo y de una menera distinta, sí lo hice, y término precozmente, tal vez eso es algo parecido al  amor. Pero el amor que regresa, o él que regresa e intentas convencerte de nuevo de que eso es amor también. Veo distintas parejas, una ruleta rusa interminable donde uno de los dos es el que termina llorando más, ofreciendo más, no se puede dar lo que no tenermos, y todavía nos aferramos a la idea de que alguien más allá afuera será la siguiente bala.

Me incluyo en el nos porque aún no sé lo que me depare, intenté adaptarme a las reglas del juego de las relaciones actuales. Relaciones sentimentales, mucho cuidado, súper condón mental. Relaciones sexuales, no importa, es el cuerpo es el impulso de la máquina que desea, que satisface, se vacía y se va. Pero ese frío que te traspasa las costillas cuando sabes que es algo que va más allá del ego, que va más allá del deseo es una quimera que cuesta mucho trabajo alimentar. No hay dolor más grande además del que te amen y no corresponder, que intentar dejar de amar a alguien por decisión propia. "Tal vez me hace falta más práctica", me pregunto, pero cuántas parejas debo tener para ya no tener ningún remordimiento de que dejé ir quizá la oportunidad del siempre en el jamás. Ser para Ello, o no serlo para Ello.

 LA idea de la muerte y su fin como última presencia para otros es algo que os asusta y nos lleva a la vez a la idea de la inmediatez como un fluir hedonista de nuestro cuerpo, de nuestra biología, estamos sujetos a leyes naturales a nuestra conveniencia, aunque lo natural signifique también primitivo. Somos agresivos, intentamos el carpediem, pero en realidad sabemos que lo queremos, entre tanto juego de pregunta y respuesta se nos iría la vida, y terminaríamos con la última persona que amamos porque ya estaríamos muy cansados como para seguir. Es eso, el amor es sólo una cuestión de tiempo y un premio de consolación, hablando en el sentido de encontrar un compañero entre varios. eso me parece terriblemente patético. Y sin embargo, si esperas algo más allá de la vida, más allá de lo terrenal, donde el espíritu, y la circunstancia sólo sean vehículos de algo más allá de la  muerte y miras ese microcosmos egoísta de el alma gemela, de tu otra parte te tildan de loco, te miran raro como  si tu fueras un enfermo, y sí, todos lo estamos (Anne Sexton: Love, that red disease) hay tantas perspectivas como conveniencias queramos. Sufjan Stevens lo sabe.


Somos vehículos del deseo y estamos sometidos a un orden histórico, social, geográfico y de género.
Faltan nuevas formas de amar, falta darle otro sentido a la amor, o quizá sólo falta aceptarlo como es, así tal cruel, en el número del nos infinito que siguen propagando y predicando en las habitaciones vacías de los moteles, en los atrios de las iglesias, en las canciones de la radio, en las novelas, en los poemas. Yo por mi parte busco algo más sublime que un lapso de tiempo, una fecha de aniversario, regalos costosos, planes conjuntos  y una foto gemela de perfil en Facebook. ¿Es cuestión de suerte? Ni caridad ni recompensa, sólo eso que te hace doler y disfrutar en un lugar que no está en tu cuerpo, ni en este tiempo, ni en este espacio.