martes, 14 de noviembre de 2017

Metafísica de las imperfecciones cotidianas



Todas las noches, después de correr
y apagar el fuego que crece mi,
dejo una llama azul que ilumina mis sueños, y duermo más tranquila.

Todas las noches, antes de dormir,
me miro al espejo e intento descubrir alguna luz,
 alguna mirada de misericordia, y si no sucede,
como en la mayoría de las penumbras,
cuando las palabras del día se acumulan
como gotas de agua en mi cabeza,
las dejo salir sin piedad,
no hay persona viva que haya aguantado una tormenta dentro.

Y si es como la mayoría de las noches,
frente al espejo, abrazo mis imperfecciones,
las baño,
las acaricio,
les beso,
les canto una canción,
las arrullo,
las acuesto
y las pongo a dormir.

En el camión, antes de mirar el reloj y volver a casa;
intento leer en la tarde, la poesía que los días olvida entre
la indiferencia y el hastío.

Durante el día, miro los rostros de las otras personas intentando encontrar una vida más allá de la que este cuerpo me limita. No lo logro a veces.

Por las mañanas agradezco el vaso de agua que me hace despertar y pienso en ti,
sentado a la orilla de tu cama, intentando recordar tus sueños.

Antes de despertar, durante la noche, mis imperfecciones y mis recuerdos juegan. A veces pierden, a veces los dejo ganar.




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