lunes, 23 de abril de 2018

Palabras negadas, el estiercol de las flores

Ya no quiero caer en
comparaciones burdas
entre ojos y abismos,
ni satisfacer mi vanidad con palabras
que embalsaman emociones.

En el silencio encuentro
sí como en la oscuridad
una manera más intensa de sentir
más cercana a mi interior,
escribo poemas con el único fin
de vaciar
las expectativas de la realidad
y encontrar por fin
esa mesura
con la que me acaricia el viento
durante las noches
el acto de respirar, casi inconsciente;
tan infantil percatarse,
y sin embargo sútil
la vida se escurre a voluntad en suspiros.

Los ojos no me bastan
para sentir de lejos
para soñar tengo que cerrarlos,
y abandonar el tacto
que me encadena a un deseo obsceno
<<la piel es la muerte de las emociones>>

Y cantar, esa trampa de marineros.
Canto en la ducha, o  cuando me duele el pecho.

Este acto de articular y comunicarme
aún está ligado a mi origen,
la supervivencia ya no es un fin,
sino algo más oscuro, que el sello de mi carne encierra
que cada una de mis células grita
que mi animalidad niega
al reprimir mi aullido.

Nunca fui buena en satisfacer a los demás,
y tal vez dije cosas que ni siquiera acepté:

Sí creo.

sin embargo reprimí el grito,
que ahora me libera.
Y no es un grito uniforme,
estalla en fragmentos que quedan
embarrados en la acera,
y se estrellan frente al espejo,
otros quizá encima de otro cuerpo,
lágrimas embarradas en el vidio de un autobús a las 9:00 p.m.
o algunos también fueron besos.

Si pudiera dejar algo de mi en esto
más allá de la vanidad de saber que existo para otros
podría ser la oportunidad de callar a mi lado
y sentir como el silencio entre nosotros
forma un puente que ningún otro puede cruzar.

Todavía existimos en lo que negamos.
Por eso es importante dar un salto entre la oscuridad
de las palabras que ocultas
nos desgarran el pecho,
que salgan como las flores del estiercol.
Y su fruto sea nuestro alimento.



lunes, 16 de abril de 2018

El silencio de los alacranes



En el principio creó Dios los cielos y la tierra
- me acuerdo la primer vez que fui al catecismo y el Padre Gregorio nos contó. De cómo nacimos todos de la nada, y a creer en eso mismo también.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas
- esa versión del mundo me gusta más.

Cuando cierras los ojos sientes todo lo que no eres tú. Y el silencio, el silencio nunca es completo, hay una sutileza en los sonidos, pero el silencio nunca se termina de aparecer, ya empieza en un lado cuando de pronto se va.

La oscuridad es muy bella, mucho más que el día, a mi me gusta tanto salir a mirar las estrellas, a caminar por la orilla del lago, hasta el olor del agua es más fuerte y el aire pega entero en la piel.
Sin ver y sin hablar.

También parecido a la muerte, lo más cerca que la tuve fue cuándo me picó un alacrán. Apenas sabía platicar, quería gritarle a mi mamá pero las palabras no salían, podía respirar mientras el cuerpo seme volvía de piedra. El miedo es lo más parecido a la muerte. Y al amor. Te quedas parado, la garganta se te cierra, la boca seca y los ojos no saben para donde mirar.

La gente de acá no les tiene miedo, cuando les  pican en la pierna se echan gasolina y en un día se les desentumen. Dicen que a mi casi me mata por que mi mamá es muy miedosa y a mi me tocó cumplir sus miedos. 

Pero seguí viviendo, y ando en las orillas caminando con los alacranes caminando entre las piedras. Soy un alacrán también.

Después nos contó de Adán y Eva, la primer mujer en la Biblia de los hombres, como Dios los hizo ciegos al pecado, y como no le tuvieron miedo los sacó del paraíso.

De como nacieron los ángeles y los demonios tan parecidos a nosotros, a la mejor por eso dicen que no les da alas a los alacranes.

Por que nos tiene miedo. O por que nos ama.

*Inspirado en una foto de Pesina Siller y en una bestia que quería inventar para el natalicio de Arreola.

jueves, 1 de marzo de 2018

Yo tenía una casa



Después de decidir seguir viviendo me vienen varias ideas y varios números a la cabeza y necesito deshabitarles acá.

A los 27 años ya una no se puede preguntar tanto. Incluso me cuestiono a veces por La Gran Pregunta perfectamente formulada que me resolverá todo.

Por qué o para qué vivir.
La voluntad responde.
Listo.
¿Cómo se vive? A mi manera.
Con quién vivir, sola, por supuesto siempre tras 24 años conviviendo con 7 hermanos la ecuación está resuelta de facto. 
Dónde vivir.
DÓNDE.
Compartí casa con hermana y dos amigas unos meses, un desastre divino. Autofinanciada. Sufrida.
egresé a casa materna.
En  el 2015 me mudé a una casita pequeña, junto con hermana, ahí en ese rincón de cuatro por cuatro crecimos mucho hacia afuera y hacia dentro. Economía falló, adiós trabajo, hola economía freelance, regreso con padres. Ahora me urge salir, pero salir a dónde.
El mundo es tan grande.
Todos los misterios están dentro.
Después de más de 25 mudanzas a lo largo de tu vida te acostumbras a ver las casas de los demás como un mausoleo.
Y te acostumbras a pensar que rechazar todo lo que desde un principio *te fue negado* por la vida es la libertad.

Pero hay algo  más. Y en el camino quedan pedacitos de piel muerta y descubres que tú eres tu propia casa y que no importa el lugar en el que te encuentres, siemrpe habrá alguien que te ame y te reciba con los brazos abiertos.Y que elegiste tu camino y tus padres.
Y que tienes que aprender a confiar.
Dentro de la historia de la arquitectura vernácula, obedeciendo al principio del sedentarismo, una cueva es un lugar predilecto para no terminar devorado por un dinosaurio, pero los dinosaurios no existen Mariana. Lo sé, es sólo un ejemplo.

Recuerdo mucho el libro de  Claudia Legnazzi que se llama Yo tengo una casa Yo tengo una casa que viene y que va... no recuerdo el resto pero es una niña que va viajando con su casita a todos los lugares del mundo y ve los campos, los mares, el universo.

Quiero llevar mi casita a todos los lugares del mundo ya prender muchos idiomas y conocer varias personas.
el mausoleo orbital más grande de la galaxia más mediana del mundo.

Si uno se anima a salir un poquito de su casa, también descubre cosas magníficas, y encuentra personas y corazones hermosos.






Dedicado a la casa rodante de Fungy Academy donde me dieron raite a otra etapa de mi vida.
Dedicado a Dan Santos y Jofra Glz.




martes, 30 de enero de 2018

Runas no destino


Runas, no destino

Susurros en el cielo,                                                                    
un sentido para la vida de los hombres
que los nómadas forjaron en imperios avocados a consumirse en polvo
¿qué es una guerra en la gran historia que nunca deja de escribirse, o en
la lucha de un ser solitario?                                                                      [tú]

su cruzada: la abulia.
su encrucijada: el aburrimiento.
La Providencia que una cuenta en el banco,                                            [sin conocimiento de causa]
 un pan sobre la mesa
y una pareja (o más) en la cama pueden provocar;
conformidad "destinada a la socialdemocracia y a la tibieza".

Nunca salir
de la concha de tu madre.                                             [a dude in y pussy is not confortable]


Mantenerte dentro de la placenta:                                                    [nunca dejas de nacer si no te dejas]


"la frontera limita la penetración de lo exterior
y lo asimila o lo deshecha."

¿Cómo burlar al miedo?

Vivir                                                                                           [en imperativo] no (,) en gerundio],
descifrar y cumplir con todos los trámites necesarios,

en fila por favor para no importunar a quienes tienen pase V:I:P.                  [50% de descuento]
para poder acceder a la muerte.

El caos
amenaza,                                                                                          [o mejor dicho es en secreto]
la casualidad sigue ahí latiendo,
en la coincidencia,
en cada distracción,
nadie está excento.                                                                           [nadie por fin respira tranquilo]





sábado, 16 de diciembre de 2017

Popurrí escrito ilegal y sensato a tres voces en conveniencia de una

Advertencia: Esto que hago creo que es ilegal o antiliterario.


Quien siembra deseo, recoge opresión.

Para comprender a  Marx y comprender por qué está equivocado hay que leer La Ideología Alemana. es la base antropológica a partir de la cual se construirán todas las exhortaciones a un mundo nuevo, y sobre la que reposa una certeza escencial: los hombres a quienes pierde el deseo, harían  bien en limitarse a sus necesidades.  En un mundo en el que se amordace la hibris del deseo ( se puede reconfigurar ojo) podrá nacer una organización social nueva, despojada de luchas, opresiones y jerarquías deletéreas.

La represión es el precio del desarrollo.
 


Los más fuertes entre los hombres no hacen nada, hablan y hablan sin parar.

<<Los que saben hacer las cosas LAS HACEN; los que no saben, ENSEÑAN a hacerlas, y los que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política>>

No hay nada más díficil e injusto que la realidad humana: los hombres viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia escencial es el dominio del lenguaje.

Esto es terrible porque en el fondo somos primates programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro territorio, y aquellos más hábiles para todas esas tareas, aquellos que entre nosotros son más animales (MINUTA VULGATA), ésos siempre se dejan engañar por los otros, los que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerto, de traer un conejo para la cena (de levantar una mina, de trabajar 12 horas seguidas en una fábrica o en una oficina, de hacer crecer una planta en tierra árida) y de procrear como es debido (sin deformaciones genéticas que ocasionen vuelos a Houston cada mes para tratamiento de enfermedades con nombres raros perdón tenía que insertarlo)

Es un terrible agravio a nuestra naturaleza animal, una suerte de perversión, de contradicción profunda.

¿Y por qué los MÁS FUERTES ESTÁN AHÍ?           

El azahar.

Una herencia. "Todas las revoluciones dejan una casta privilegiada."

Porque forman parte de aquellos que piensan que el saber forma parte del poder y el perdón.

"Si sé que pertenezco a una élite autosatisfecha que sacrifica el bien común por exceso de arrogancia, me libro de la crítica y consigo el doble de prestigio".

Esas personas bien vestidas (material, técnica, colores: "esto ES LOQUE ES BONITO CÓMPRALO") que no estan ahí más que por  la significación del lugar imaginario y físico (Estado de consciencia), la pertenencia a cierto mundo, sus proyectos, su historia. Algo símbolico. En un mundo rico, jerarquizado, racional, cartesiano, regulado.

Y es increíble que la fragilidad con que el mundo evoluciona y se convulsiona se refleje en la caída natural de las ciudades, de los imperios.
Imperios avocados a consumarse en polvo en unos cientos de años.
Miles si hay suerte.

Y sólo necesita unas cuantas pautas a seguir:
Arquitectos avaros, funcionarios complacientes, especuladores (en los medios de comunicación y su Twiter más cercano) ciudadanos sumisos (y estúpidos) y fraccionadores disfrazados de urbanistas.

Es fascinante la abnegación con que nosotros los humanos somos capaces de dedicar una gran energía a la búsqueda de la nada y la combinación de idead inútiles y absurdas.

¿Cómo tanta juventud podría malograrse de esa manera al servicio de la NADA?

Cuando se piensa bien en lo que preocupa ante todo al primate es el sexo, el territorio, la jerarquía , la reflexión sobre X oración en la obra de X autor se antoja relativamente FÚTIL.
Desde luego se argÜirá que el hombre aspira a un sentido que va más allá de las pulsiones.

Dicha objección es cierta y muy falsa a la vez: el EL SENTIDO ES EN SÍ OTRA PULSIÓN es incluso la pulsión llevada hasta su grado más alto de realización, pues utiliza el modo más eficaz, LA COMPRENSIÓN, para lograr su objetivo.

Pues esta búsqueda de sentido y de belleza no es el signo de la elevada naturaleza del hombre  que, escapando a su animalidad, supuestamente encontraría en las luces del espíritu la justificación de su ser; no, es un ARMA AFILADA AL SERVICIO DE UN FIN MATERIAL Y TRIVIAL.

Y cuando el arma se toma a sí misma como objeto , ES UNA SIMPLE CONSECUENCIA DE ESE CABLEADO NEURONAL ESPECÍFICO QUE NOS DISTINGUE DE LOS OTROS ANIMALES y, al permitirnos sobrevivir gracias a ese medio eficaz, LA INTELIGENCIA, nos ofrece también la posibilidad de la COMPLEJIDAD SN FUNDAMENTO, DEL PENSAMIENTO SIN UTILIDAD, DE LA BELLEZA SIN FUNCIÓN.

ES como un VIRUS INFORMÁTICO , una consecuencia sin consecuencia de la sútileza de nuestro córtex, una desviación superflua que utiliza INÚTILMENTE medios disponibles.

El hombre es un ser limitado al que no le es dado ser como al Dios de los teólogos , autor directo de su propia existencia, pero el hombre poseería el equivalente humano de ese poder divino si las condiciones materiales que le permiten existir fueran obra exclusiva de su pensamiento dirigiendo el esfuerzo de sus músculos. Esa sería la auténtica libertad.



Reproducí y evoqué partes  de los discursos de estos tres autores sin fines de lucro formando una idea general más sensata.
           
El Manual del Distraído, Alejandor Rossi.
La Elegancia del Erizo, Muriel Barberry.
Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Simone Weil.                                                                                                                                                             

 

martes, 14 de noviembre de 2017

Metafísica de las imperfecciones cotidianas



Todas las noches, después de correr
y apagar el fuego que crece mi,
dejo una llama azul que ilumina mis sueños, y duermo más tranquila.

Todas las noches, antes de dormir,
me miro al espejo e intento descubrir alguna luz,
 alguna mirada de misericordia, y si no sucede,
como en la mayoría de las penumbras,
cuando las palabras del día se acumulan
como gotas de agua en mi cabeza,
las dejo salir sin piedad,
no hay persona viva que haya aguantado una tormenta dentro.

Y si es como la mayoría de las noches,
frente al espejo, abrazo mis imperfecciones,
las baño,
las acaricio,
les beso,
les canto una canción,
las arrullo,
las acuesto
y las pongo a dormir.

En el camión, antes de mirar el reloj y volver a casa;
intento leer en la tarde, la poesía que los días olvida entre
la indiferencia y el hastío.

Durante el día, miro los rostros de las otras personas intentando encontrar una vida más allá de la que este cuerpo me limita. No lo logro a veces.

Por las mañanas agradezco el vaso de agua que me hace despertar y pienso en ti,
sentado a la orilla de tu cama, intentando recordar tus sueños.

Antes de despertar, durante la noche, mis imperfecciones y mis recuerdos juegan. A veces pierden, a veces los dejo ganar.




Ming Di, la poesía "write right, not for name, not for fame"




El libro de las siete vidas

Estoy demasiado cerca del sol, y dicen que me volveré ciega.
Entonces aparezco en varias películas como hombre viejo
de interminables cabellos y barba canosos, ojos como hundidos, diciendo [profecías:
Hoy nace Apolo y mañana el Sol

será declarado piedra. También aparezco en muchos poemas,
en ocasiones glamorosa, casi siempre peor que bruja—
hoy envejecen mis senos y mañana se han de arrugar.
Entonces pongo una sonrisa firme recorriendo el camino en una falda
[como saco de papa.

Sólo me ve Virginia Woolf, ella ve el yo que codifica las palabras,
el yo que ama sin más, plenamente, creyendo de buena gana en el amor
y puede escribir como debe ser, ni por nombre ni por fama, la que sólo [escribe como debe ser,

y puede cambiar de un día para otro… Oh, no, no, no, no otra vez,
¡tan lindo es quedarse en esta vida! Zeus me dio siete vidas,
pero nada es mejor que ésta, la vida de tigre o lobo.
Temo al sueño, temo despertarme con un rostro viejo llevando la mueca
de T. S. Eliot, empolvado mi cuerpo con la ceniza de su cigarro.





Una habitación propia

Este invierno hace frío, ella pinta una habitación y ahí se esconde.
Pinta dentro un escritorio, una cama, un guardarropa.
Pinta ahí todo lo que necesita.
Pinta una pared, la borra, la vuelve a pintar y a borrar de nuevo—
Una pared llega a crecer por sí sola. Dentro de esa pared
ella pinta hierbas, flores y pájaros.
Pinta primavera y verano.
Pinta montañas y océanos —llegan las olas revoloteando
en una espiral en la que ella queda enredada.

Me veo a mí misma luchando en esta habitación.
A ella le pido que pinte una ventana—
una ventana que lleve a un cielo.



Luna de porcelana

Antes del alba, las mujeres del pueblo se juntan alrededor del pozo
lavando trastes, ropa y blancos, y se apuran de vuelta a casa
para cocinar antes del amanecer. Ella lleva un balde de agua

lejos de la muchedumbre para lavar ahí una pila de trastes—
una vajilla de porcelana fina
que heredó de su madre. Diario lava un plato de más
hasta la luna llena, y luego uno de menos hasta la luna nueva…

Así cuenta los días, esperando que él venga de nuevo.
Cada noche revive ese momento como si se repitiera una película.
«¿Te gusta eso, cariño?» El cuerpo de él encima del suyo, ella abajo,

quieta, como si el hecho de abrir la boca la pudiera sacar del sueño.
«Hoy se casa Da Guo», susurran alrededor del pozo.
Sus trastes de porcelana caen salpicando en el arroyo, como piezas de [dominó

rompiéndose uno con otro, uno tras otro. Ella no los recoge,
sino que se apura a regresar a casa con las sábanas que no ha lavado.
Mañana no será demasiado tarde. Se cambia de ropa, se peina,

toma una canasta y sale caminando. El tiempo de pronto se torna claro,
la milpa a orillas del camino ahora es más alta que ella. Quiere apurarse
[para llegar a la boda,
mirarlo besar a la novia con sus propios ojos no de celos, para luego ir
[a casa,
y escuchar los lamentos de la vajilla haciéndose añicos.

Versiones del inglés de Françoise Roy



The Book of Seven Lives

I’m too close to the sun, and they say I’ll go blind. / So I appear in many movies as an old man, / endless gray hair and beard, eyes like hollows, mouthing prophesies: / Apollo is born today, tomorrow a stone // will be declared the Sun. I also appear in many poems, / occasionally glamorous, mostly worse than a witch— / today my breasts age, tomorrow my breasts wrinkle. / So I put on a firm smile and walk the road in a bucket skirt. // Only Virginia Woolf sees me, the me that codes words, / the me that loves straight, wholly, readily believing in love, / and can write right, not for name, not for fame, just write right, // and can change overnight.... Oh, no, no, no, not again, / so wonderful to stay in this life! Zeus gave me seven lives, / but nothing is better than this life, this life of tiger or wolf. / I fear sleep, fear waking up with an old face wearing /     T. S. Eliot’s grimace, my body dusted with his cigarette ash.

 Para escuchar!

A Room of Her Own

Winter is cold, she paints a room and hides inside. / She paints a desk, a bed, and a wardrobe. / She paints everything she needs. / She paints a wall, erases, paints again and erases again— / A wall grows by itself. Within the wall / she paints grass, flowers, and birds. / She paints spring and summer. / She paints mountains and oceans— waves come swirling / like a wreath entangling her. // I see myself in that room struggling. / I ask her to paint a window— / a window that leads to a sky.

China Moon

Before dawn, women from the village gather around the well / washing dishes, clothes, and bedding, then hurry home / to cook before the sun rises. She carries a bucket of water // away from the crowd, to wash a stack of plates— fine china / inherited from her mother. She washes an extra plate / each day till the full moon, and then one less until a new moon... // She counts days this way, waiting for him to come again. / Each night she recalls that moment as if replaying a movie. / «You like this, Baby?» His body above hers, she’s below, // quiet, as if opening her mouth would wake her from the dream. / «Da Guo is getting married today,» they whisper by the well. / Her china plates splash to the stream, fall like dominoes // breaking each other one after another. She doesn’t pick them up, / but hurries home with the bedding she hasn’t washed. / Tomorrow won’t be too late. She changes clothes, combs her hair, // grabs a basket, then walks out. Time suddenly becomes clear, / the roadside corn is taller than her now. She wants to rush to the wedding, / watch him kiss the bride with her own eyes of no jealousy, then go home, / listen to the cries of china breaking into pieces.


Ming Di is a poet, translator and editor, born in China, currently living in USA, author of six collections of poetry in Chinese. Some of her poems have been translated into other languages: River Merchant’s Wife (Marick Press, USA, 2012), Luna fracturada (Valparaíso, Spain, 2014), Histoire de famille (Transignum, France, 2015) and Livre de sept vies (Recours au Poème éditeurs/France, 2015).
Ming Di went to Boston College and Boston University for graduate studies in linguistics before settling in California. She has translated four books of poetry/poetry criticism into Chinese and co-translated four volumes of poetry from Chinese into English, including The Book of Cranes (Vagabond Press 2015) and Empty Chairs (Graywolf Press 2015). She edited and co-translated New Cathay: Contemporary Chinese Poetry (Tupelo Press, co-published by the Poetry Foundation, 2013); received Henry Luce Foundation fellowships in 2013 and 2014; served as one of the four final judges of the national Poetry Out Loud in 2014; and co-curated China Focus at Poesiefestival Berlin in 2015.  

She is currently the China editor for Poetry International.

© Poetry International

Selected bibliography

Poetry
Selected Poems of Ming Di, Yangtze Art and Literature, China, 2010
River Merchant's Wife, Marick Press, USA, 2012
Luna fracturada, Valparaiso Ediciones, Spain, 2014
Histoire de famille, Transignum, France, 2015
Livre des sept vies, Recours Au Poème Éditeurs, France, 2015

Translations
The Writer as Migrant – Essays by Ha Jin, Linking Publishing, Taiwan, 2010
Missed Time – Poems by Ha Jin, Linking Publishing, Taiwan, 2011
Dancing in Odessa – Poems & Essays by Ilya Kaminsky, Shanghai Wenyi, China, 2013
Book of Crane – Poems by Zang Di, co-translator, Vagabond Press, Australia, 2015
Empty Chairs – Poems by Liu Xia, co-translator, Graywolf Press, USA, 2015



Fuentes:

Revista Luvina:

https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=1233&Itemid=56

Poetryinternational

http://www.poetryinternationalweb.net/pi/site/poet/item/27174/14/Ming-Di

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Arte y realidad en la publicidad

En la ficción se refugian los instantes más profundos en la historia de los seres humanos, dónde lo único que encuentran parecido a su destino último, a su fin, es el amor, ese pulso que salva o condena al destino más que a la mera descición de vivir, hacia dónde vamos, a dónde pertenecemos, nos subyugamos por amor:

" … lo esencial de la afirmación de que incluso si llegara a tener todo el conocimiento, sin amor no sería nada, no es meramente que con amor, sea algo. Con amor, también soy nada, si así puede decirse, una nada humildemente consciente de sí, una nada que se enriquece por paradoja por el conocimiento mismo de su carencia. Sólo un ser menesteroso, vulnerable es capaz de amor: el misterio final del amor es así que la falta de completitud  es en cierto sentido más alta que la completitud. Por un lado, sólo un ser imperfecto, menesteroso, ama: amamos porque no sabemos todo."





Slavoj Zizek. El frágil absoluto. Editorial Pre-textos, nro. 579, pág. 190 y 191

sábado, 4 de noviembre de 2017

Gusto di autunno




 ¿Cómo es posible, tras las primeras arrugas, encontrar sentido a la vida sin volverse loca?

Sabor de otoño

La tarde es frágil y yo caigo junto con ella,
la luz disuelve el miedo,
en el medio de las horas que pasan,
me acribillan segundo a segundo
con esperanzas y dudas,
los recuerdos y los sueños;
aire fresco me embriaga
y el vino de otoño
me termina de arrugar la cara,
gota a gota:
el placer encavado entre las uvas
dulce dolor vívido.

martes, 31 de octubre de 2017

La Ida.




La Ida.


"El periodo actual es de aquéllos en que en que todo lo que normalmente parece constituir una razón para vivir se desvanece, en que, bajo pena de perderse en la confusión o en la inconsciencia, se debe replantearlo todo" Simone Weil. Reflexiones sobre la libertad.


¿Y después?
Al cerrar la puerta del convento.
Saliste a la vida con una maleta llena de dudas,
años después encontraste la razón
que la Vida escrita por el hombre
te decía que debías continuar
y en el calor del sueño descubriste
que después no había más,
la Vida que te tocó vivir
es un conjunto de trámites
una oración y una ecuación
tienen ambas algo de místico, de milagroso.
La respuesta siempre está ahí. Ya Es.
¿Cuál es la diferencia entre rezar o despejar una incógnita?
¿entre creer en la libertad y la realidad?
¿A dónde vas? Este camino lo elegiste,
ahora debes continuar,
 aunque nunca llegues al final de la recta,
incluso ya la pasaste y
no te diste cuenta.
¿Y después?
La cárcel de otro cuerpo te someterá,
la cárcel de tu cuerpo es un peso que debes soportar sola,
la cárcel de otro cuerpo crecerá detro de ti.
La vida da a luz a la muerte.
tu herida es la única que puede sanarte.
Sigue sola tu camino.
El convento cambia tus hábitos por otros,
sacramentos, canciones, la herencia de sangre,
derramada por la ceguera de los animales.
Eso es todo.
Después ya no hay nada.
La vida sigue.



lunes, 18 de septiembre de 2017

Sostener el vacío, con la duda

Me sube en espuma a la garganta la marea, las velas me llevan al fondo del asunto.

*

Hay un vacío. Que siento que no se llena, y busco en charlas con desconocidos
imaginar tu presencia
quién eres y a dónde vas
con quién juegas a vivir ahora
con quién apuestas amar
y hacer que valga la pena.

Este poema lleva tu nombre
aunque no lo diga, y entre las palabras
su intención]
ocultan algo más que un secreto,
una duda.

Aquel nombre con que te recuerdo son todos y ninguno
es como leer con los ojos cerrados
tarea de ciegos, consuelo de inocentes]
osea, sentir y ya.

Eso es sostener el vacío, no es retener aire en el pecho,
es perder la consciencia de ser y vivir
sin estar, pararse frente al pabellón de fusilamiento
y dejarse arrasar por las emociones,
sentir todo. Poder sentir todavía es lo que me salva. ¿Aún tengo tiempo?

martes, 23 de mayo de 2017

Miento

Todo este tiempo he pretendido ser feliz,
miento.
¿Dónde está la pregunta?
¿Hay una pregunta acaso?
El mantra de cada mañana
es apagar la alarma del reloj,
y resignarse a seguir.
Despertar, sonreír. Lo lograste, una vez más.
Ahí hay un motivo para seguir, míralo.
Matar la incertidumbre con paz.
Sostener el silencio, la boca cerrada.
Sostener los recuerdos, los ojos cerrados.
Dejar ir los anhelos, soñar despierto.
Distancia:
Algo te hace falta
que me hace falta a mi también.
Todo este tiempo he pretendido ser feliz.
Miento.
Todo este tiempo hemos pretendido ser felices.
Y tal vez sí lo fuimos.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Deseo de la memoria

Acabo de terminar de ver por no se si última vez Eternal Sunshine of Spotless Mind, y la frase de Joel, sobre pasar tanto tiempo junto a alguien que al final te parece un desconocido...cambiamos y no nos damos cuenta cambian los otros y no nos damos cuenta, pero cada uno a su ritmo, porque lo que en realidad cambia es nuestra percepción del otro, por qué buscar algo más en otra persona, eso que nos falta a nosotros y ni si quiera sabemos qué es. Creo que los últimos años, al menos en mi generación, al menos en los círculos que frecuento las personas intentan darle un sentido diferente al concepto de amor.

 Deleuze lo intentó desde un punto de vista filosófico con el Anti Edipe, EL DESEO. El móvil de la máquina cambiante. En mis caso intento,a hora de switchear la idea de lo que el amor es para mi, si es posible amar de nuevo y de una menera distinta, sí lo hice, y término precozmente, tal vez eso es algo parecido al  amor. Pero el amor que regresa, o él que regresa e intentas convencerte de nuevo de que eso es amor también. Veo distintas parejas, una ruleta rusa interminable donde uno de los dos es el que termina llorando más, ofreciendo más, no se puede dar lo que no tenermos, y todavía nos aferramos a la idea de que alguien más allá afuera será la siguiente bala.

Me incluyo en el nos porque aún no sé lo que me depare, intenté adaptarme a las reglas del juego de las relaciones actuales. Relaciones sentimentales, mucho cuidado, súper condón mental. Relaciones sexuales, no importa, es el cuerpo es el impulso de la máquina que desea, que satisface, se vacía y se va. Pero ese frío que te traspasa las costillas cuando sabes que es algo que va más allá del ego, que va más allá del deseo es una quimera que cuesta mucho trabajo alimentar. No hay dolor más grande además del que te amen y no corresponder, que intentar dejar de amar a alguien por decisión propia. "Tal vez me hace falta más práctica", me pregunto, pero cuántas parejas debo tener para ya no tener ningún remordimiento de que dejé ir quizá la oportunidad del siempre en el jamás. Ser para Ello, o no serlo para Ello.

 LA idea de la muerte y su fin como última presencia para otros es algo que os asusta y nos lleva a la vez a la idea de la inmediatez como un fluir hedonista de nuestro cuerpo, de nuestra biología, estamos sujetos a leyes naturales a nuestra conveniencia, aunque lo natural signifique también primitivo. Somos agresivos, intentamos el carpediem, pero en realidad sabemos que lo queremos, entre tanto juego de pregunta y respuesta se nos iría la vida, y terminaríamos con la última persona que amamos porque ya estaríamos muy cansados como para seguir. Es eso, el amor es sólo una cuestión de tiempo y un premio de consolación, hablando en el sentido de encontrar un compañero entre varios. eso me parece terriblemente patético. Y sin embargo, si esperas algo más allá de la vida, más allá de lo terrenal, donde el espíritu, y la circunstancia sólo sean vehículos de algo más allá de la  muerte y miras ese microcosmos egoísta de el alma gemela, de tu otra parte te tildan de loco, te miran raro como  si tu fueras un enfermo, y sí, todos lo estamos (Anne Sexton: Love, that red disease) hay tantas perspectivas como conveniencias queramos. Sufjan Stevens lo sabe.


Somos vehículos del deseo y estamos sometidos a un orden histórico, social, geográfico y de género.
Faltan nuevas formas de amar, falta darle otro sentido a la amor, o quizá sólo falta aceptarlo como es, así tal cruel, en el número del nos infinito que siguen propagando y predicando en las habitaciones vacías de los moteles, en los atrios de las iglesias, en las canciones de la radio, en las novelas, en los poemas. Yo por mi parte busco algo más sublime que un lapso de tiempo, una fecha de aniversario, regalos costosos, planes conjuntos  y una foto gemela de perfil en Facebook. ¿Es cuestión de suerte? Ni caridad ni recompensa, sólo eso que te hace doler y disfrutar en un lugar que no está en tu cuerpo, ni en este tiempo, ni en este espacio.

lunes, 27 de julio de 2015

Mensaje de Daniel

"Has estado en mis pensamientos desde hace algunos días, primero como un fantasma, una imagen que aparece de manera rápida; y después, quizá por la curiosidad de saber qué significa que estés en mis recuerdos he obligado a mi mente a hacer que tu imagen dure más tiempo en mi recuerdo; como, por poner un ejemplo, si pienso en las piñas que vi en un pino ayer que salí a caminar, apareces en ese recuerdo, primero alejada del árbol, silente, después obligo a pensarte hasta hacerte menos vaporosa, y entonces te acercas, como se acechan los fantasmas en los sueños; si bien nada dices, sólo me ves y sonríes, como siempre sonríes, casi con pudor. Y entonces me da la gana escribirte y saludarte. Te envío un enorme beso y un fortísimo abrazo, espero estés bien."

lunes, 20 de julio de 2015

Fragmento de la novela "Otras casualidades"

"...no estoy muy segura de como reaccionar ante esta situación, me siento ahora como si tuviera un óceano saliendo desde mi alma, como si un río me atravesara el ser. Otra vez lloré. Es el aniversario de Alejandra P.29 de abril, y yo le acabo de enviar un mensaje, (...)  pero sí, me sentí rara. Y cómo no hacerlo, si quedé tan vulnerable, pero solo es pasado, el deseo es presente, el pensamiento de lo que debería de ser es parte de lo que fue, de lo que quise, aquello que quería antes ya lo tengo. Todo lo que quieres está en ti y nadie te debe completar, al tenerte entera te puedes entregar después, y para que caer en el lugar común, es como estar en un funeral eterno y ya no deseo eso. Quiero algo verdadero, sentirlo, que me llene. Pero siento, ahí el error, quizá que no quiere comprometerse, sin embargo me busca, porque le busqué, y me siento caer en mí. Pero esta vez es distinto, estoy consciente de que estoy enfrentando, y sé que no debería sentirme completa. El pasado, esos momentos que como cortes de una cinta repaso una y otra vez, el deseo revive en la memoria y recordar es vivir, si un poco, y morir, dejar un poco de ti en eso que fue, pero también desgastante, no me gustaría vivir como si desperdiciara cada momento de mi vida. Mi vida, ahora quiero llorar. Ese presentimiento. Hay alguien más, solo queremos que alguien con su amor nos haga sentir, aunque sea una mentira, o una verdad que más da, que somo especiales, pero por que´, ´por qué ese miedo a estar solos. Por que ese miedo a compartirnos, a que nos despedacen el alma con una mirada. Palabras. El silencio es una llave, debería de buscar a alguien que me deseara, que me penetrara, para sentir ese poder que infiero ausente, o que no quiero ejercer aún. La verdad es que acaba de destruirse una de las ilusiones que antes me mantenían en pie, el otro como fuente de mi valor, esa ternura que quiero ver manifestada pero me lo dijo bien él, quizá quien postergó ese sentimiento en mi, quien (al que me subyugué por voluntad propia)  aplazó, día a día el sufrimiento, mi papel de víctima, no pasa nada, le entregué los clavos, la herida ya estaba hecha. Mi pasado, el karma, otra vida, que hice, es el estigma que cargamos con ese concepto de los sentimientos, predisposiciones, expectativas. Lo demás llega solo, calor, hormonas, lubricidad, en sí la fricción ornamentada. Y quizás, si el tiempo nos lo permite, el olvido, y qué chingados, el olvido. El perdón, a nosotros mismos. Cómo matar el ego, o herirlo. Entregarte pese a todo. Pero somos tan vulnerables. Siempre hay una cláusula escondida en cada instante, pagamos, es un trueque, el tiempo es otra cosa. Hay que vivir, pero mantenerse conscientes de ello, dejarse llevar tiene sus consecuencias, y no decir tanto  no me importa, sino el por qué no me importa, por que debo de convencerme de que no hay razón para tomarlo en cuenta. El Otro, ese ser tan ajeno, tan predecible, y nosotros, los desconocidos eternos, errantes, desahuciados de por vida, en un periodo corto, sólo quedan las dudas, un hombre puede cambiar tan fácil de religión por que siempre sostienes que existe una divinidad, una eternidad fiera de nosotros, que sostiene this wire, our soul. Pero el amor es otra cosa, es verdad, que siempre estaremos queriendo anticiparnos, con las recetas, el destino, mitos. Qué pasa cuando todo aquello en lo que te enseñaron en medio del dogma, la moral, el paso de tus días, no resulta ser verdad, Por qué sostener algo que sirve a nuestro orgullo. Claridad, el lenguaje puede ayidarnos a expresar eso que creemos sentir, la delgada línea entre el dolor o el placer, es de que lado quieres sentirlo. Da igual...?

viernes, 27 de febrero de 2015

Confabulatores nocturnae


Hay presión
en situaciones que se avecinan, las sucesiones
de actos premeditados,
la estela que deja una llaga en el óceano
atravesado
por viajeros, antepasados.

La herencia,
unas palabras
unas gotas de sangre
el reflejo de los ojos que vieron salir al sol por primera
vez en la historia.

Muerte,
una visión pueril todavía
que abarca el conocimiento
de algo desconocido
por todos, ni siquiera los que han regresado
saben de aquello
que nos amenaza en el sueño.

A dónde va todo
el amor
el amor a dónde va
cuando termina,
siento que me falta hacer crecer mi horizonte
para hablar de la palabra
quizá cambiar de lugar
caminar más lejos o más cerca
la relatividad
estará allí aunque lo ignore.


Estabas sentada
frente a la vida
intentando desaparecer
en ella observando
la nítidez de ese palpitar de la tarde
'amanece en otro lugar' quizá
dijiste, sentiste la nostalgia en forma de vacío
distancia: algo te hace falta a ti, que me hace falta a mi también'
una postal dónde observas todo lo que está fuera de ti
buenas noticias, la playa, la noche, Navidad y vino de caja
los recuerdos ya no son necesarios
hay otras maneras de vivir
más concretas que los sueños,
a lo lejos la tormenta desemboca
amenaza el verano, y tu estás sola de nuevo.


Ride the light



We drank all the water
nothing left sir
even tears
to mourn
sun
open wounds on our forehead
the lord 
will provide
that glow
does bleed to earth

Ya son las diez y estoy aquí sentada frente al computador pensando que puedo escribir, de qué puedo contar cosas que sucedieron, quizá mentir como siempre a un lector que no existe ahora, me leo y me escribo, no quiero ser redundante, pero esque si forzamos la palabra, esta se hace demasiado difícil de encontrar, millones y millones que existen representan, mi anhelo, mi deseo, de alcanzar un poco más de lo que hay, decir el nombre de Dios, o al menos escucharlo, el tren de la consciencia, del pensamiento hacia dónde me llevará. 

Caigo en cuenta, no necesito nada más que lo que me fue dado, mi lenguaje, mis palabras, las que elijo humildemente, y otras que guardo como tesoros, tu nombre, por ejemplo. Son tiempos dificiles para los idealistas, los soñadores, no gano nada con quejarme, pero aquí estoy, intentando proyectar en un código la clave entera de una parte de mi vida, quién leerá esto, me debe de importar, mi oficio es un compromiso conmigo, componer, crear, levantar a Babel desde las ruinas. 

Que ruido, que desesperación, a veces anhelo el silencio, adentro de mi, pensar solo pensar sintiendo, ni siquiera rozar los contornos, solo fundirme con la sustancia. Intento no escribir igual que a quienes leo, mis 'maestros' desde los locos que predican en la calle frases 'sin sentido' hasta los genios del nuevo occidente. Quiero encontrar mi propio estilo, honrar cada palabra y darle su lugar en el macrocosmos de naderías que escribiré.



De qué podemos hablar esta noche,
pensar

decir
ya no hay nada más
vacío
vacío
vacío,
oscilando de un lado
a otro
la caída
es
insoportable
pero
resulta
una
opción
difícil
de
rechazar.



Despierto
en
tus ojos
una
rosa
es perfectible
ante
la mirada
de lo eterno


“De todos los seres humanos,
sólo reconocemos la existenciade aquellos a los que amamos.”SIMONE WEIL


“...even a small cough,
even a small love...”ANNE SEXTON


Que día
lo único
que quiero
es dormir
y soñar contigo
descansar con tu repiración en mis oídos


*
Te sientes solo a tu lado
(pero aún te sientes)
*
Estoy parada a la orilla de un precipicio
y la vida con su espada
me lastima la espalda.
*
Con el índice en la sien
pienso en un tiro de gracia
que haga volar todos los pájaros
en mi cabello,
emigrar hacia
el sur
o hacia la nada.
*
Todo es posible,
pienso, cuando levanto la mirada
y veo a las estrellas
reflejar mis ojos
allá arriba.
*
Las casas, las cosas, son monumentos
al aisalmiento
a la reclusión
y el conformismo
un segundo cuerpo
que habitamos
párasitos de nuestro destino.
*

Con esta lluvia,
mi amor
me dan ganas
de hacer
el amor
todas las veces del mundo.
Soy tan oportuna
como lo desees
podría abandonarte
si me lo ordenas.
Voy a retar al destino
a provocar el infierno
y dejar
todo lo vivo
en cenizas,
voy a rechazar el cielo
por una noche más
al lado tuyo.
*
Todos los corazones
tienen salida al mar.
*
Y descubro aquello que no es mío cuando ya se ha ido,
cualquier otro
podría ser tú,
pero no tú,
ese que te hago ser.
Cualquier otra
podría ser yo.
*
Alguna vez
experimenté
un viaje desde mi hacia ti
Santa Teresa
en mis ojos
(Ahora comprendo por qué las santas
siempre miran hacia el cielo)
*
Cuánto dura
una hoja
en caer,
se resiste
a dejar iniciar
el otoño.
*
La casa está rota, no tiene tejado, las puertas (tan fáciles) se hicieron añicos, tantas sombras, extraños, no sé si sigo adentro, ni un alma puede, no cabe siquiera,
cuantos candelabros encendidos faltan para advertir al viajero de que no es buena posada, ni posadera.



Nightmare

confabulatores nocturni


Las luces son más densas cuando apenas abres los ojos a media noche después de despertar, o de no dormir más en un lugar no muy lejano del infierno. La ciudad se vuelve el altar inexorable de los cuerpos medio vivos, medio muertos, que buscan rozar el límite de su existencia hacia cualquiera de las dos partes que los componen. Allá adentro de las habitaciones descansan las almas de los amantes, de los beatos, de las putas, de los inocentes, respiran despacio, hundidos en otra realidad quizá más interesantes que el cotidiano ir y venir matutino de la casa al trabajo, del trabajo a la tumba.

Son las doce de la noche y el predicador loco sigue gritando afuera de la iglesia: “los hijos de la calle no tenemos alma, la salvación no está dentro de una cruz o de un edificio, para poder mirar a los ojos a el Dios de los malditos debemos renunciar a nuestro cuerpo, las heces son parte de nosotros, la mierda es de lo que estamos hechos, comemos mierda, nos inyectamos mierda, yo pude mirar a el otro dios a los ojos y lo único que hizo fue voltear la mirada y escupirme encima del hombro, se rió de mi con desprecio, mató la esperanza en mi, mató lo que quedaba de humano en mi, todo era una broma, somos la carcajada de la hiena que adoramos, que se alimenta de hipocresía, del dios falso, del dios dinero, del dios del sexo, del dios del fuego”.

Las sombras pasaban de largo su camino a la perdición, apenas rozaban su figura, pocas se detenían a escupirlo. “Estamos perdidos, Jesucristo es el único hombre que renunció a su origen, que se salvó por medio de los pecados de los demás, venimos a la tierra a pecar para alimentar una deuda de hace millones de años, somos monedas, nuestro destino es desaparecer y multiplicarnos en el bolsillo de la eternidad”, gritaba con lagrimas en los ojos, siente que le pesa algo dentro, todo el dolor del mundo, su corazón se detiene mientras se estrella en el piso, a lo lejos escucha caer una moneda en la acera.

Enfrente una joven lo observa desde la ventana arrojando el resto de cigarro hacia la calle:“loco”, dice mientras se limpia las lágrimas de lo ojos verdes, irritados por el humo acumulado de la habitación: cansancio. Su turno empieza en unos minutos y tiene que vestirse de nuevo para su espectáculo, le da asco sentir su cuerpo, no estaba dentro ya desde hace años. Arrastrando los pies entra a la regadera y abre el agua caliente hasta el tope para bañarse de nuevo, se enjuaga el cabello, siente resbalar la pastilla de jabón entre sus piernas, se frota, se limpia, pero siente que no es suficiente, está cansada, pero hay que pagar la renta, están a punto de cortar el gas y su hermano está en el hospital desde hace días.

Desearía que él también hubiera muerto junto con su madre, ahora no tendría que hacer uso de su único privilegio para ganarse la vida que conlleva todo eso que es no ser hombre, pero ella no era tarada como su hermano. Pudo haberse quedado en la ensambladora, pero desde los catorce el agujero que le hicieron en el alma y en su cuerpo facilitó que ya no le importara tanto los medios, si al final todo terminaba en el dinero.

Para conseguir el trabajo lo hizo, para ascender de puesto lo hizo, por qué mejor dejarse de rodeos y de lamentos e ir directo al grano en donde podía ganar el doble. 'Entonces no soy tan idiota', pensaba mientras se subía las medias.

Ni siquiera sabía que era un cliché su vida, una historia que muchas veces se ha contado en medio de los vestidores, entre otros jovenes semidesnudos que no tuvieron el privilegio de no ser hombres, compañeros de trabajo, cuerpos delgados, muslos apretados escondiendo esa extensión inservible de su cuerpo. Su cuerpo, tan deseado por esos cientos de ojos que capturaban como cámaras sus movimientos, quién podría ser el afotunado, “cuánto vale el deseo”, pensaba mientras se desabrochaba el brassiere que se acababa de poner hace veinte minutos.

 Bajar despacio, subir rápido, gritar costaba más, sin morder, sin arañar, sin sentir. Cuando estaban encima de ella su mente estaba en otro lado, desde aquella primera vez quizá por eso sentía que su cuerpo ya no le pertenecía, un traje sobre el que vaciaban perfume y lubricante todas las noches, eso era su cuerpo, otro par de medias.











sábado, 17 de enero de 2015

Diálogo a dos voces


Alejandra:

Solo quería decirte que te extraño y espero te encuentres bien y siento muy mal no verte, creo que todo va a estar mejor, una disculpa pero no tengo idea de que hacer, estoy muy confundido y no quiero hacer nada estúpido.

Aunque mi silencio sea imperdonable más para mi que para la idea de la respuesta, sabes he estado un poco en automático, cada noche quería llamarte pero creo que no lo tengo que hacer. No creo que la dignidad tenga que ver en esto. En fin, tendría que ponerme a contar la abismal distancia que se me suele abrir entre el deseo y el acto, mi herida central y también, supongo, el lugar de donde surge eso que escribo o que pienso. No descifro tu silencio. Pero si me hace sentir mejor que sepas que te quiero mucho, y con eso me basta.


2015

lunes, 27 de octubre de 2014

Doppelgänger

Cuando llegas a la vida de alguien
no sabes si eres un doppelganger de alguna otra persona a la que 
solían amar. 

Piénsalo bien. 
                 
Si haciendo el amor piensas que es otra y ella piensa en alguien más,
son dos desconocidos en la cama
que indirectamente les están volviendo a ser infieles.


viernes, 20 de junio de 2014

La Puerta, de Salvador Elizondo

Salvador Elizondo, imaginante onírico, elegante, preciso, de los mejores escritores que mi existencia pudo haberse topado en este lugar donde se antoja un escape ante la realidad sin despegar los pies del piso, les comparto este cuento, mi favorito, que duré tres horas en transcribir a mano, pues no lo encontré en la red:


La Puerta

Llevaba cuatro meses encerrada en esa casa de salud, pero si le hubieran pedido una descripción exacta de ella no hubiera sabido hacerla. Sí, conocía los cuartos, pintados de verde pálido, que se sucedían los unos a los otros a lo largo de los oscuros corredores, los baños con muros de azulejo blanco que nadie usaba, los sanitaros inmanentemente fétidos de los que cada mañana las afanadoras recogían los pedacitos de papel manchados de excremento, de flemas, de sangre o de semen que las internas arrojaban sobre los mosaicos ajedrezados del piso durante el día. Con su bata raída de algodón blanco, manchada y sucia de sudor en el escote, recorría descalza ese edificio de fachada presuntuosa al que se llegaba cruzando un jardín estúpidamente bien cuidado que se extendía ante la gran puerta de acero inoxidable y vidrio; luego el vestíbulo de mármol gris y las salas de visita, pintadas también de verde pálido, ajuareadas con muebles forrados de cuero artificial y sobre las que presidía la mirada paciente y angélica de un Sagrado Corazón de Jesús, o la cabeza despectiva, indiferente dentro de los bien organizados pliegues de su manto rojo, de la Fabiola de Henner.


Fabiola, obra de Jean-Jacques Henner (1829–1905)

Traspuesta la segunda puerta se extendía ese mundo aparentemente apacible, silencioso de la locura. Los prados de césped verde sobre los que las mujeres escupían gruesas flemas, sobre todo en la mañana; las canchas de tenis abandonadas, carcomido el pavimento de polvo de ladrillo; la piscina lamosa, recubierta de azulejo blanquecino, en la que nadie se bañaba ya y cuyo fondo resbaladizo, surcado intermitentemente de gruesas ratas, ya era solo un abismo inquietante, insondable, escudriñado por contemplaciones turbias, demenciales y en cuyo borde se sentaban las internas a hablar deshilvanadamente mientras fumaban cigarrillos corrientes que luego arrojaban al fondo.

Largo rato, desde la terraza en que estaban las dos mesas de ping-pong, había estado contemplando cómo la luz de la tarde hacía vibrar las últimas hojas de los ciruelos que se arrastraban lentamente por las veredas trazadas entre los mantos de césped. “El otoño...”, pensó dejando escapar, muy lentamente entre sus labios heridos por las convulsiones de los electroshocks, un bocanada de humo que el viento se llevaba hasta la piscina en que dos internas, sentadas en el borde, fumaban, también, calladamente.

Al cabo de cuatro meses se había acostumbrado a la rutina del manicomio; el aseo sumario de la mañana, cuando todavía se oía cantar los gallos más allá de la alta barda de ladrillo rojo, el estruendo precipitado y súbito de los grandes camione sque pasaban frente a la clínica, por la carretera; luego el desayuno: café con leche tibio, avena, bizcohos... Pero no; antes del desayuno, una voz que recorría los largos pasadizos desiertos, tres veces a la semana...¿los lunes, miércoles y viernes?, ¿los martes, jueves y sábados? “Insulina...”, gritaba la voz que recorría presurosa esos corredores al amanecer, “Insuliiiiiii-na”, hasta que se perdía en un resquicio de la casa enorme. Al poco tiempo se escuchaban los pasos descalzos de las enfermas que, semidesnudas o apenas arropadas en sucias pijamas de franela, acudían adormiladas, sin asearse, a ese llamado que era como una convocación secreta hacia una cámara de tortura en la que se cumplía un rito propiciatorio para iniciar el día. Después del desayuno la distribución de cigarrillos. Había algo en todo esto que desentonaba: las monjas austeras, como grandes pájaros de plumaje blanco blandían, ante las enfermas que se pañaban en su torno, las cajetillas multicolores de tabaco negro que les eran arrebatadas ávidamente. A ella siempre le recordaba a la cigarrera del Peepin' Tom's aquella noche en que se le habían subido las copas y en que había bailado hasta la hora de cerrar. Al amanecer había salido de la cama como impulsada por una urgencia inaplazable de alejarse de esa respiración satisfecha y apenas perceptible que alentaba a su lado. Se había dirigido a la ventana y había descorrido las cortinas. La ciudad, cubierta de niebla gris se extendía interminablemente ante sus ojos y tuvo la sensación, por primera vez en su vida, de que aquél era un día marcado, un día en que el alba grisácea, opresiva, perduraría para siempre. Largo rato permaneció junto a la ventana viendo la calle desierta. Encendió un cigarrillo: Peepin' Tom's... música y baile...todas las noches... dos orquestas... Depositó el cerillo consumido en el reborde de la ventana. Por su mente cruzaron fugazmente las palabras de aquella canción: “Acércate más, ... y más... y más... pero mucho más...” Su boca balbució casi imperceptiblemente esas palabras: “Come clo...ser to meee...” y el vidrio de la ventana se empañó con su aliento cálido. Con la punta del dedo, sobre el vaho, trazó sus iniciales en letras de imprenta: JHS, el monograma de Cristo... Esa imagen era quizá la última que recordaba con claridad de su vida anterior. Lo demás eran sólo fragmentos informes. Tenía la sensación de que había ido hasta la recámara de su hijo y lo había mirado dormir, de que se había sentado en el borde de la cama, de que , agitada febrilmente, había vuelto a su cuarto. El camisón de seda había resbalado por sus hombros, a lo largo de su talle y de sus piernas. Desnuda, se tendió en la alfombra. Sintió frío, y apoyando la cabeza sobre las rodillas abrigandose el pecho con las manos alargadas y blancas, se había abandonado unos instantes a la sensación que su cabello suave le producía rozando sus muslos ateridos. Luego sintió cómo su saliva y sus lágrimas silenciosas le resbalaban por los senos y por las piernas hasta el pubis. Eso era todo. No podía recordar nada más.



“El otoño...”, volvió a pensar. Una ráfaga fría trataba empecinadamente de arrancar las últimas hojas al follaje de los ciruelos y de las jacarandas. Las hojas caían como una lluvia de oro sobre el césped; el viento jugueteaba todavía unos instantes con ellas antes de empujarlas, como si fuera con una tenacidad imperceptible, hacia la piscina. Dejó de pensar en la rutina de todos los días que había pasado allí. A lo largo de esos cuatro meses lo único significativo era el recuerdo de su hijo, un ser que ahora le era lejano y ajeno y la esperanza, la esperanza que solía renacer a cada instante, la esperanza de salir de ahí o de que, cuando menos, alguien viniera a visitarla. Una esperanza totalmente infundada.

Lanzó la última bocanada de humo y trató de arrojar el cigarrillo consumido a la piscina, pero no lo logró. El cigarrillo, humeante todavía, cayó a unos pasos del borde y el viento lo atizaba sin moverlo, arrancándole agitadas y pequeñísimas humaredas. Se puso de pie y se dirigió a su cuarto.

Después de cruzar los corredores oscuros, la sucesión de puertas entreabiertas detrás de las cuales se escuchaban, a veces, canciones populares salidas de los radios de transistores, imprecaciones apenas balbucidas, conversaciones informes plagadas de palabras obscenas, gemidos producidos por las convulsiones, llegó hasta su pequeño cuarto de paredes desnudas, pintadas de verde pálido, un color como el de los cadáveres, y se tendió en la cama. Instintivamente se llevó las manos cruzadas al pecho como si tratara de cubrir sus senos desnudos. Mucas veces se tendía así para pensar en su esperanza que poco a poco se le había ido muriendo, pero siempre cruzaba las piernas a la altura de los tobillos para no parecer un cada´ver. Una superstición que ella había inventado desde que era niña. Pero ese día, tendida ahí sobre esa cama estrecha, sobre las sábanas de manta arrugadas, contemplaba el cielo de la tarde, un cielo gris y sin sentido como aquel cielo que del alba que había estado mirando desde la ventana de su cuarto el día en que la habían traído ahí y por mirar ese cielo que le recordaba la libertad perdida olvidó cruzar las piernas. Se percató al cabo de un rato de que yacía sobre esa cama un cuerpo quieto, inanimado, que era el cuerpo de ella, su cadáver. Un escalofrío de terror le cruzó la espina y en un instante su frente se cubrió de sudor con el bochorno opresivo que le produjo la revelación súbita del rompimiento de todas las cosas de su vida. Todo en ese momento le fue ajeno, menos ese cuerpo blanco, suave, doliente que yacía sobre la cama sucia como un objeto deteriorado y sin sentido.

Trató de pensar en otra cosa, pero a su mente no acudió más que una sola imagen: la de la puerta.
Esa puerta formaba parte del misterio de la casa de descanso. Al final de un largo pasillo se erguía como una barrera infranqueable, un sexo secreto e inviolado. Cuántas veces, en su afán por dirimir las horas caminando a lo largo de aquellos corredores, en las tardes de lluvia, había llegado hasta ella sin explicarse ese término violento de la continuidad del pasillo que representaba la puerta.

¿Hubiera osado abrirla? No; parecía encerrar un misterio tenebroso, como si detrás de aquellas relucientes y pesadas hojas de cedro con su cerradura de bronce pulido, estuviera oculto un cadáver; su cadáver tal vez. En las noches había llegado a soñar con esa puerta, pero ni los sueños le habían revelado su misterio. Se había soñado perseguida, unas veces por el médico del establecimiento cuya bata blanca y almidonada adivinaba cruzar como una aparición siniestra por entre los corredores, siguiéndola hasta el último confín de la casa, amenazándola con un pequeño bisturí que relucía en la penumbra. De pronto llegaba ante la puerta, pero no osaba abrirla y prefería, en su angustia, entregarse a las caricias cruentas que el médico le prodigaba en todo el cuerpo, reteniendola de pie en un abrazo mamóreo, contra el marco barnizado. Otras veces la perseguía una caterva de perros rabiosos seguidos de los vigilantes y las afanadoras que vociferaban insultos soeces a sus espaldas. Al llegar a la puerta le daban alcance y entonces despertaba bañada en sudor frío, convulsa, gimiente. Se incorporaba sobre la almohada y lloraba hasta que el sueño la vencía nuevamente.
La sola imagen de esa puerta la estremecía; por eso cuando la imaginó en esa tarde que como el alba grisácea de su locura parecía interminable, sintió como un afán imperioso por vencer esa imagen que era ya, en el abandono total en que vivía, la única posibilidad de un encuentro trascendental; el encuentro consigo misma, con un tigre o con un asesino, con su propio cadáver, entregado para siempre, desnudo, a la otra ella que con una mano temblorosa abriría la puerta. Se incorporó y trató de contener el temblor que había invadido sus piernas. Miró una vez más hacia la ventana. El atardecer era un enorme paño gris que la cegaba. Sus manos recorrieron agitadas la carne de su cuello y de sus senos como buscando en el ritmo de su respiración convulsa una vez más la certidumbre de su cuerpo que, pensó, era lo único que aún le pertenecía. Oprimiendo sus sienes se puso de pie y luego se dirigió al pasillo, volvió la cabeza a un lado y otro. El sol de la tarde se colaba en pequeños manchones intermitentes de luz mortecina a lo largo del corredor. Al fondo estaba la puerta, apenas visible en la penumbra. Una carcajada demente llegó, saliendo de uno de los cuartos hasta donde ella estaba. Pero la musca de los radios como que se había ocultado y sólo el silencio, el agitado palpitar de su corazón abrumado, por el imperativo de su angustia, se escuchaban. Corrió y al llegar ante la puerta se detuvo jadeante. Se sentía desfallecer. Cerrando los ojos trató de recobrar el aliento. Alargó la mano temblorosa hasta tocar la cerradura reluciente y fría. Volvió a abrir los ojos y a mirar su mano que como la garra de una arpía retenía epilépticamente la bola de bronce. “Come clo...ser to meeee...” sonaron las palabras zumbando en sus oídos. Haciendo acopio de todas sus fuerzas dio vuelta a la manija y tiró.

Un rostro la miraba fijamente desde ese resquicio sombrío. El terror de esa mirada la subyugó. Se acercó todavía más al pequeño espejo que relucía en la penumbra. El rostro le sonreía dejando escapar, por la comisura de los labios, un hilillo de sangre que caía, goteando lentamente en el quicio. De pronto no lo reconoció, pero al cabo de un momento se percató de que era el suyo.


ELIZONDO, Salvador Obras: tomo uno, Colegio Nacional. México, 1994 (53-58)

*Transcribo la presente obra sin fines de lucro.
**Si hay lucro, páguenme por sentarme 2 horas a pasarlo.